Leonor Coello, hija del Conde Coello de Portugal, era una dama
perteneciente a la nobleza madrileña que residía en San Sebastián
durante la
Guerra Civil Española
y que se inspiró en su hija de dos años, Leonor de Góngora, para crear
una muñeca. Durante este tiempo era frecuente verla pasear a su hija
por la Playa de la Concha (
San Sebastián),
con una muñeca alemana de porcelana que había ganado en una de las
frecuentes rifas benéficas que se celebraban entonces para recaudar
fondos destinados al frente. Esta emprendedora vestía a la muñeca igual
que la pequeña, suscitando el interés y la sorpresa entre bañistas y
transeúntes. El éxito fue tal, que en sus recorridos por la citada
playa la gente se paraba para ver a aquella niña rubia de ojos azules
que llevaba entre sus brazos una muñeca con idéntico vestido. La propia
Leonor Coello era quién dibujaba, cortaba y cosía los trajes de ambas.
No imaginaba que ese
juguete, el cual había llegado a sus manos procedente de
Alemania,
iba a ser el embrión del negocio de su vida. Leonor que era una
emprendedora nata con gran visión comercial, tuvo la idea de convertir
a su hija en modelo, en la musa que sirviese de inspiración para una
muñeca nueva y especial, distinta a las demás, una muñeca que se vestía
de verdad, igual que las niñas de la época.
A pesar de la idea, la falta de capital le impedía poner en marcha
el negocio, por lo que consultó entre sus amistades más allegadas para
que la ayudasen a sufragar el proyecto, hasta que finalmente encontró a
una socia capitalista en su antigua compañera del colegio del Sagrado
Corazón, María del Pilar Luca de Tena de Fagalde, quién aportó el
capital inicial para fundar la empresa Mariquita Pérez S. A.
Si bien la sociedad ya estaba constituida y contaba con el dinero
necesario, no obstante quedaba todo por hacer, buscar el nombre,
inventar una biografía y lo que es más importante; diseñar y fabricar
la muñeca en sí.
Leonor quería un nombre muy español para su creación, por lo que no
dudó en consultar a los amigos y compañeros de tertulia de su marido
Manuel de Góngora, escritor y redactor jefe de la revista
Blanco y Negro, entre los que se encontraban intelectuales de la talla de
Luis Escobar, comediógrafo y director teatral;
Jacinto Guerrero, músico y autor de zarzuelas;
Felipe Sassone, novelista y diplomático,
Eugenio d'Ors, filósofo y académico y
Victor de la Serna,
periodista. Leonor les explicó que la muñeca debía tener personalidad
propia, historia, un nombre pegadizo y una familia. Atónitos al
escuchar la insólita petición de Leonor, estos hombres con tantos años
de estudio y erudición se pusieron delante de sus cuartillas a
garabatear nombres y apellidos para una muñeca. Al ser español y fácil
pensaron en el de María, pero al final se decantaron por el diminutivo
de Mariquita. Respecto al apellido, eligieron el de Pérez porque era
común y de los más extendidos en España, lo que se ajustaba a la
familiaridad deseada.
Una vez terminada la guerra civil, las dos socias y la hija de Leonor dejaron San Sebastián y se dirigen a
Onil (
Alicante),
al taller de uno de los más prestigiosos jugueteros, el artesano
Santiago Molina, para encargarle la fabricación de mil muñecas,
manifestándole las dos mujeres que estas debían ser idénticas a la hija
de Leonor. El artesano tomó medidas a la niña para hacer el molde de la
misma.
Las mil unidades confeccionadas en noviembre se vendieron todas entre noviembre y diciembre a un precio de 85
pesetas
en 1940, cantidad reflejada en los catálogos del citado año. Se trataba
un producto de lujo accesible solamente a las clases más pudientes,
sirva como dato indicativo que el salario medio mensual no alcanzaba
las 150 pesetas en una época en la que España atravesaba por un periodo
de penuria económica, hambruna y
autarquía.